Guía
Guardar tus buenas direcciones.
Todo el mundo colecciona direcciones. Casi nadie las vuelve a encontrar. El problema no es la memoria, es el orden.
Por qué las Notas no aguantan
Una nota llamada «restaurantes» llega a cuarenta líneas en tres meses. No tiene mapa, así que nunca sabes qué tienes al lado. No tiene fotos, así que los nombres dejan de decirte nada. Y no dice de dónde salió la dirección, así que ya no sabes si fue una recomendación real o unas ganas de paso.
Por qué los favoritos del mapa no bastan
Un favorito en un mapa resuelve la ubicación, y nada más. A los cien sitios tienes una siembra de pins idénticos, sin saber cuál está probado, por quién, ni para qué ocasión. Ordenar por categoría no salva gran cosa: nadie busca «un restaurante», se busca un sitio para un domingo de lluvia, un cumpleaños o una primera cita.
Ordenar por ocasión, no por tipo
Es el único principio que cambia las cosas de verdad. Una lista «brunch que merece la pena» sirve más que una lista «restaurantes». Una lista «cuando somos ocho» sirve más que una lista «bares». Ordena por el momento en que lo vas a usar, porque es exactamente en ese momento cuando vas a buscar.
Anotar el porqué, no la nota
Una estrella no te dirá nada dentro de seis meses. Tres palabras bastan: qué hay que pedir, la hora a la que no hay nadie, el hecho de que no haya terraza. Esa frase es la diferencia entre una lista que relees y una lista que abandonas.
Guardar quién lo recomendó
Una dirección vale lo que vale quien te la dio. Si anotas el sitio sin anotar la fuente, pierdes lo más útil. Seis meses después sabes que el nombre te suena, pero ya no sabes si es porque a tu amigo le encantó o porque lo viste en un anuncio.
Cómo ayuda Proof
Proof aplica esas cuatro reglas por construcción: listas que nombras tú, un mapa que muestra lo que tienes alrededor, una foto tomada en el sitio por quien fue, y el nombre de esa persona. Una dirección guardada pasa de «por hacer» a «hecho» cuando vas y tomas tu shot.